Nuestra posición acerca de las
elecciones.
En los últimos meses se abrió un debate en el conjunto de
las organizaciones políticas acerca de que posición tomar frente a los
comicios. La reforma política cambio el escenario y el armado del Frente de
Izquierda de los trabajadores dividió opiniones.
Táctica y estrategia son fundamentales en toda
organización revolucionaria para poder convivir con la coyuntura y con los
proyectos a largo plazo.
Creemos que no debemos confundir lo necesario con lo
urgente, ni lo inmediato con los planes a largo plazo, cada uno tiene su
impronta y es necesario analizar de conjunto lo táctico y lo estratégico, pero
nunca confundirlos ni mezclarlos. Veamos:
En el marco de las organizaciones de izquierda se
abrió un profundo debate sobre el qué hacer en estas elecciones. Algunas
organizaciones se llamaron a silencio, otras al no voto y algunas se encolumnaron
detrás del armado de Partido Obrero – P.O., Partido de los trabajadores
Socialistas –PTS e Izquierda Socialista. En este caso, más allá de los matices,
el argumento de apoyo rondaba en torno a una defensa de las expresiones de
izquierda, atravesadas por la reforma electoral que proscribe a las minorías.
Este apoyo incluso se fundamenta más allá de las diferencias programáticas y
acciones en sí mismas y, en algunos casos,
se ajusta a la lectura de la recomposición del Kirchnerismo y del
sistema electoral en su conjunto, y a una lectura de reflujo en el campo
popular tanto a nivel objetivo como subjetivo, de diciembre del 2001 a la fecha.
Para partir del análisis de las elecciones nos resulta
importante marcar fuertemente el carácter burgués del Estado Argentino. Es
decir, el Estado como instrumento de dominación de la burguesía sobre el
conjunto del pueblo. Desde esta posición sostenemos que el Estado tiene una
estructura que se renueva cada 4 años, en función de la coyuntura marcada por
la correlación de fuerzas de la irreconciliable contradicción de clases. Es
decir, que las características de gobierno, que la clase dominante se da en
defensa de la administración de SU Estado, será la mejor respuesta que podrán
dar para salvar sus intereses. Por esto que no todos los gobiernos son iguales,
ni responden exactamente a los mismos intereses. De todos modos, aunque quizá
resulte redundante, nos parece arrancar el análisis desde este postulado pese a
que el mismos esta extensamente desarrollado en nuestra nota ¿es posible llegar al socialismo por medio
de la reforma?, publicado en el presente numero.
Ahora bien, metiéndonos lentamente en la discusión
sobre la participación o apoyo, en la actual coyuntura en las elecciones,
sostenemos que toda elección, dentro del marco de los gobiernos burgueses,
estará atada a procesos coyunturales y solo fue y será analizada como un fin
estratégico, en el marco de un gran auge de masas. Es decir, en un escenario de
un amplio reconocimiento y participación del campo popular en las
organizaciones revolucionarias. Esto dará, como consecuencia, que decidamos
participar activamente en búsqueda de hacer publico este reconocimiento y
posición política, para que la participación en los comicios sea un facilitador
táctico, que se ajuste a la estrategia en el marco del proceso revolucionario
en marcha. En cualquier otro caso, como bien explica Lenin, la participación,
en caso de ser juzgada necesaria, será ligada a la experiencia de las masas o
para ir probando fuerzas, pero nunca depositando expectativas o haciendo
alianzas espurias que solo benefician al estado burgués legitimándolo y, lo mas
grave, es que confunden a la clase y alimentan expectativas de cambio por vías
que sabemos que no ocurrirán.
Es importante para nosotros entender, aunque suene
reiterativo, que las elecciones pasan y los problemas de los trabajadores
quedan, que la necesidad de cambio revolucionario nunca va a estar atada a una
elección burguesa, sino, más bien, todo lo contrario.
Si vemos que efectivamente hay alianzas tácticas y
alianzas estratégicas, es factible entender la necesidad de una alianza táctica
en un sindicato, en un territorio o en la universidad, por ejemplo y, eso es
valido si no se confunde el fin con los medios. Apelamos a construir a largo
plazo, siempre lejos de la coyuntura en el entendido marxista de que la
realidad es dialéctica, se motoriza por sus contradicciones y que la teoría
revolucionaria es una herramienta que no esta innata en la clase sino que es
preciso construirla al calor de la lucha, la organización y la conciencia.
Creemos que la reforma política vigente encamina a los
comicios hacia el bipartidismo, eliminando las minorías. Creemos también que es
continuidad de las reformas implementadas en el año 94, pero también creemos
que la participación en las elecciones, como la confianza de que por medio del
voto las cosas cambien, es algo bastante débil desde 1983 a la fecha. Ejemplo de
esto es la gran abstención electoral a nivel nacional como en el resto de los
distritos en las distintas elecciones.
Las organizaciones del campo popular debemos partir de
una profunda autocrítica para analizar el contexto actual. No podemos depositar
la responsabilidad de la actual situación objetiva y subjetiva de la clase en
los partidos burgueses, ni en sus representantes, sino en qué hemos hecho como
clase para revertir esta correlación de fuerzas aun favorable a nuestros
enemigos. En este escenario sostenemos que lo imprescindible es generar una
política de masas, insertarnos en ellas, dar el debate sobre la necesidad de la
participación activa en la defensa de los intereses inmediatos, que poquito a
poco ira dando el espacio para la discusión sobre la necesidad de la
transformación revolucionaria de nuestra sociedad, sobre la necesidad de
organizarnos, la importancia de formarnos en la teoría revolucionaria para
entender y encontrar salidas a este régimen de explotación.
Las jornadas del 19 y 20 de diciembre fueron arranques
espontáneos, carentes de organización real por parte de los sectores populares,
a la cola del sector más titubeante de nuestra sociedad: la pequeño burguesía.
El saqueo era evidente, el hambre y el desempleo eran moneda corriente y le
costo un par de años al establishment local e internacional reestablecer el
sistema de dominación. Vamos por 8 años de kirchnerismo, y seguramente por 4
años más, y no podemos negar que la clase esta contenta porque tiene trabajo,
mientras que los punteros están preocupados porque la olla en los barrios ya no
junta tanta gente, pero el problema para la patronal y sus representantes esta
a la vuelta de la esquina. Hoy es necesario contener de alguna manera esta masa
joven de más de 4millones de trabajadores que se han sumado al sistema
productivo. Hoy es necesario encajonar las luchas y preocupaciones de los
trabajadores que ya no pelean por ingresar al sistema de explotación, sino que
se organizan para afiliarse, para conseguir mejores convenios, para legalizar
su ilegal situación laboral, para participar de alguna manera en las jugosas
ganancias que sus patrones ostentan día a día. Esto no quiere decir, como
anuncia grandilocuentemente el P.O., entre otras fuerzas, que cambio el
escenario de la clase obrera, que estamos en un pleno auge de masas. ¡No!, esto
significa que han cambiado los ejes de las luchas, pero que aun la inmadurez
política y organizativa de nuestra clase es grande y funcional a nuestro
enemigo. Esto significa que el terreno en el seno de las organizaciones de
masas es muy fértil, pero entendiendo que aun hoy se lucha por lo imprescindible.
Es por esto que la clase esta huérfana de organización revolucionaria. Pero en
el proceso dialéctico que se esta dando lentamente irá formando sus mejores
hombres, sus compañeros naturales de cada espacio, esos compañeros que, como
decía Santucho, serán los mejores entre los buenos que lucharan por la segunda
y definitiva independencia.
No podemos analizar la realidad como una cuestión
lineal, pero tampoco como una imagen estanca quedándonos solamente con el
presente. No podemos abrazar nuestras motivaciones estratégicas detrás del mal
menor. Lo que aquí esta en cuestión no es la identidad de izquierda, lo que
aquí estamos discutiendo es qué es el FIT para la clase, qué significa como
proyecto político para nuestros intereses. El apoyo o no a este rejunte no es
el apoyo o no a un polo de referencia
que confronte contra la burguesía, es el apoyo o no a la izquierda orgánica de
la argentina que ha hecho de las elecciones un objetivo estratégico de su línea
política a lo largo de los años. Es la defensa de la supervivencia electoral de
un conjunto de fuerzas que ni bien se comenzó a discutir sobre la reforma
política vieron truncado su eje de trabajo y la necesidad de aliarse entre los
que suman más para sostener su supervivencia. El apoyo al FIT creemos que es el
apoyo a una construcción política que trunca las aspiraciones de los
trabajadores, como lo hizo históricamente el morenismo en la Argentina , que engaña
las masas, que genera falsas expectativas. El apoyo al FIT no es más que seguir
detrás de la cola de organizaciones que se caracterizan por su sectarismo, por
su ultra izquierdismo a la hora de trabajar en los frentes de masas y que no
dan muestras reales de tener una política estratégica por la toma del poder y la Revolución Socialista.
Sin embargo las elecciones pasarán, el FIT dejará de
existir pasadas las 18hs de los últimos comicios de octubre, y nosotros, como
miembros activos de la clase, seguiremos trabajando por un futuro más humano.
A lo largo de los últimos años nos hemos peleado con
compañeros del campo popular por contradicciones secundarias, creemos que el
apoyo o no al FIT es una de estas y que estamos por la unidad en contra de las
divisiones funcionales a nuestro enemigo de clase.
Lejos estamos de dar lecciones de cómo llevar adelante
una revolución, solo exponemos nuestros argumentos, no nos ponemos en jueces ni
en verdugos de compañeros y, si en lo estratégico seguimos teniendo
coincidencias aun con aquellas organizaciones que hoy vieron en las elecciones
un espacio de acumulación, entonces creemos necesario seguir trabajando con
acuerdos de unidad.
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